La intervención con la familia consiste en acompañarles en la crianza consciente de sus hijos. Así han de comprender y saber escuchar las dificultades emocionales y de conducta que presenta sus hijo/a.

Para mejorar la forma de comunicarnos y de reaccionar ante ellos, así acompañarlos desde la calma y la firmeza, proporcionarles seguridad en sí mismos, de forma que puedan afrontar sus dificultades.

Estableciendo límites claros, refuerzo positivo y consecuencias naturales mediante una disciplina positiva.

  • Respeto mutuo. Los adultos modelan la firmeza al respetarse a ellos mismo y las necesidades de la situación y la amabilidad al respetar las necesidades del niño.
  • Identificar la creencia detrás del comportamiento. Una disciplina efectiva reconoce las razones que hacen actuar a los niños de cierta manera y trabaja para cambiar esa creencia, en lugar de intentar cambiar solamente el comportamiento.
  • Comunicación efectiva y habilidades para resolver problemas.
  • Disciplina que enseñe (que no sea permisiva ni punitiva)
  • Enfocarse en soluciones en lugar de castigos.
  • Alentadora (en lugar de alabadora). Al alentar, se toma en cuenta el esfuerzo y la mejoría, no simplemente el éxito y construye autoestima a largo plazo y estimula.